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viernes, 16 de octubre de 2009

Nuevos Campesinos

Buscando dentro de las publicaciones de mi abuelo encontré este artículo publicado en El Panamá América el jueves 26 de Febrero de 1970. Me ha llamado la atención por los ideales que tenía mi abuelo acerca de la Reforma Agraria y su convicción por el nuevo campesino. Reproduzco a continuación el artículo.


Declaraciones.

Entrevistado por uno de nuestros más ágiles periodistas, el ingeniero Nilson Espino, Director de la Reforma Agraria, hizo al noticiero de TV-2 interesantes declaraciones en torno a la labor realizada por la comisión a su cargo, especialmente en cuanto a lo que se refiere a la organización y funcionamiento de los Asentamientos Campesinos. Me interesó sustancialmente su exposición en cuanto a la nueva mentalidad, la nueva conciencia que está surgiendo en la gente de la campiña y que abre los brazos y el corazón a la lucha por una vida mejor, con mayor sentido de responsabilidad, pero también con mayor convicción de sus derechos. No se trata sólo de tener tierras propias y cultivarlas, sino de ganar la plena condición ciudadana que tradicionalmente les había sido mistificada por los sistemas polipartidistas tradicionales.

Acción integral. Hizo énfasis, el ingeniero Espino, en que la Reforma Agraria no puede limitarse a una simple distribución de tierras. Tampoco bastan la concesión de créditos y la asistencia técnica. Se requiere sobre todo la acción propia del mismo campesino para organizarse, renovar fuerzas, utilizar capacidades y recursos para ponerlos en acción constructiva para la conquista no sólo de una existencia materialmente mejor, sino también de una nueva personalidad despierta, activa, alerta ante la realidad social, ante la situación del país de que ellos también son parte, para el planteamiento de derechos legítimos y la satisfacción de aspiraciones justas. La verdad reforma agraria es la que orienta, estimula y levanta a un hombre nuevo en la campiña interiorana.

Doctrinas. Cabe señalar que no se trata sólo de un concepto del ingeniero Espino. El propio general Torrijos, gestor y orientador de la revolución, ya lo dijo muchas veces: lo importante es despertar el espíritu dormido del hombre humilde; lo trascendente es arrancar a las grandes mayorías de nuestro pueblo de la resignación y de las tradiciones negativas, de las supersticiones y sometimientos, de la timidez política y espiritual para hacer de él un hombre entero, derecho, libre, verticalmente decidido a conquistar lo que es suyo, no gracias a la limosna del gamonal, sino mediante la utilización adecuada de sus capacidades físicas y mentales.

Revolución. Una revolución constructiva consiste precisamente en eso: en la liberación del hombre. En nuestro caso, cada campesino que se encuentra a sí mismo, que adquiere conciencia plena de su calidad de hombre su condición de ciudadano, es un revolucionario en acción. Ese hombre se encargara de ampliar e intensificar el proceso de reforma agraria que iniciaron tímidamente algunos gobiernos políticos y que está elevando, profundizando y fortaleciendo el proceso revolucionario; será ese campesino revolucionario, ese nuevo hombre conciente de sus valores y capacidades el que ya nunca permitirá que lo esclavicen y encadenen, ni siquiera con las sutiles artimañas en que es tan ducha la caciquearía criolla.



lunes, 5 de mayo de 2008

Cholos en Santiago

¿Puede explicarme un poco mejor el fenómeno de los "cholos" tirados en las vecindades del mercado de Santiago? ¿Qué otra industria concentraba las masas sociales con el incentivo de un mejor empleo que los ingenios azucareros en Panamá?

-- Los ingenios Santa Rosa y Ofelina eran los únicos que entonces existían en todo el país y ambos estaban ubicados en las vecindades de Aguadulce. Cuando llegaba la época de la zafra, ambos necesitaban miles de trabajadores para que cortaran la caña. Eran dos o tres meses de duro trabajo con machete que se prolongaba hasta doce o más horas diarias a fin de alimentar la producción de azúcar y alcohol porque la zafra sólo podía realizarse durante los meses del verano, cuando los cañaverales no sufrían el azote de la lluvia. Para conseguir a esos miles de peones, los ingenios enviaban camiones y capataces a los más apartados caseríos de Coclé y Veraguas. Para los campesinos, el verano es la época más difícil, porque no se puede sembrar. Por ello, acudían en masa al llamado de los ingenios que les ofrecían salarios misérrimos pero que para ellos era la única posibilidad de gana algún dinero durante esos meses. El trabajo era tan duro y esclavizado que los peones sólo podían aguantar durante una o dos semanas y los ingenios tenían que devolverlos a sus campos y reemplazarlos por otros. Los campesinos eran regresados también en camiones. Pero estos no los llevaban hasta sus campos sino que los dejaban en Santiago, frente a una cantina que estaba al lado del mercado público. Los agotados peones solían entrar a la cantina para reanimarse con algunos tragos de seco o ron. Muchas veces los tragos se repetían hasta agotar el dinero de los campesinos o su capacidad de mantenerse sobre las piernas. Así decenas de hombres amanecían tirados en los portales. Allí quedó supuestamente al cuidado de sus compañeros de trabajo el cadáver del campesino triturado por los dientes de la maquinaria azucarera.

Hasta donde recuerdo no había ninguna otra industria importante que pudiera ofrecer trabajo a los campesinos de mi provincia.

domingo, 4 de mayo de 2008

Electricidad

Me interesa conocer el uso de la electricidad en su generación y en los poblados: ¿Cómo se podía leer entonces?

-- Durante mi edad infantil, no se conocía la electricidad en mi pueblo. Leíamos durante las horas del día con la luz natural del sol. Durante las noches, utilizábamos una "guaricha", que era un pequeño aparato rústico hecho con una lata vacía a la que se abría un hueco en la parte superior (en la tapa o cubierta) y se le agregaba un agarradero de madera. La lata se llenaba de "querosín" que vendían en las tiendas del pueblo por botellas o media-botellas y una "mecha" de tela retorcidad que al absorver el querosín se encendía y producía luz. Más tarde, mis padres compraron una lámpara de vidrio que tenía un "tubo" también de vidrio pero mucho más delgado que servía para reducir la molestia del humo y parecía ampliar el alcance de la luz. También la lámpara se alimentaba con querosín. Cuando mi madre realizaba sus labores de costura en horas de la noche, colocaba la lámpara al lado de la máquina de pedal para alumbrar la costura. Yo me sentaba en un taburete frente a ella y aprovechaba la luz de la lámpara para leer o hacer las tareas escolares. Era entonces cuando ella cantaba, recitaba o narraba cuentos y leyendas. La guaricha seguía utilizándose cuando había que salir de la casa porque era más manuable que la lámpara a la que yo llamaba "la panzona" por su forma.

No recuerdo la fecha exacta (en el kiosco del parque de Santiago hay una placa de metal que recuerda el suceso) en que llegó la electricidad a mi pueblo y si que fue durante los pultimos años de mis estudios primarios, es decir durante los primeros años de la década del veinte del siglo pasado. La maquinaria utilizada para la producción de energía eléctrica la trajo de su país un ingeniero italiano que en Santiago se había establecido y que contrajo matrimonio con la maestra Sara García. El se llamaba Carlos Odoardo Torraza. También fue él el que primero produjo hielo, que vendía en pedazos a los establecimientos comerciales -- especialmente las cantinas -- y las familias que podían darse el lujo de disponer de hielo para beber agua fría.

Naturalmente mientras no había electricidad tampoco había refrigeración. Los alimentos se adquirían y usaban diariamente y se conservaban los que no requerían refrigeración, como los granos, verduras y frutas. El agua se mantenía fresca en "tinajas" de barro, para las que había generalmente "tinajeros" que eran muebles hechos de madera que sostenían las tinajas a un altura apropiadad para facilitar sacar el agua con jarritas o pequeñas totumas.

Vida del Campesino

¿Hay algún cuento o novela panameña que mejor describa la vida del campesino antes o después de la Revolución de Octubre?
-- Desde fines del Siglo XIX, con Salomón Ponce Aguilera, son numerosos los escritores que a través de cuentos o novelas describen la vida y ambiente de los campesinos panameños. Sobresalen Nacho Valdés, con sus Cuentos Panameños de la Ciudad y del Campo y Sangre Criolla. Gil Blas Tejeira con sus Retablo de los Duendes y Campiña Interiorana, Manuel de Jesús Quijano, con su novela Tierra Adentro y muchos otros hasta mis paisanos y casi contemporáneos Mario Riera Pinilla con La Yerba y Carlos Francisco Changmarín con Faragual. Después de la Revolución de Octubre, la narrativa ha derivado hacia temas sociopolíticos, históricos y urbanos, con escasa atención al tema campesino.