domingo, 27 de julio de 2008

La Noticia No Muere

El domingo 25 de noviembre de 1979, con el título de “La noticia no muere”, publiqué las siguientes observaciones:

Enseñanza
Entre las muchas enseñanzas que recibí del Lic. Manuel María Valdés en la redacción del diario La Hora, una de las fundamentales era la relacionada con la existencia propia de la noticia. Luego tuve la oportunidad de comprobar que todos los grandes periodistas, que fueron casi siempre “maestros” del periodismo, insistían también en que la noticia tenía existencia propia y no podía ser ocultada, ignorada ni muerta. Es decir, que la existencia de la noticia no depende de los periódicos ni de los otros medios de comunicación; por el contrarlo, son los medios informativos los que dependen para su subsistencia de la noticia. Es ingenuo y tonto, e inclusive podría ser trágico tratar de eliminar la existencia de la noticia, haciendo creer que se ignora lo que ha
ocurrido, porque eso significa lesionar la propia estructura del periódico, el carácter del medio noticioso. Aunque los periódicos impresos, radiales o televisivos se nieguen a recoger y publicar, interpretar y explicar, la noticia sigue viva, porque ella es el hecho, el suceso, y ellos, siempre acaban por ser conocidos, aunque los medios de comunicación no existan. Como la noticia no es
solamente el hecho, sino también sus causas y consecuencias, el periódico que trata de ignorarlos o que se niega a publicarlos, está negándose a sí mismo y se expone a perder la confianza y la fe del público en su capacidad de cumplir oportuna y eficientemente la función que le corresponde.

Desinformación
A través de diferentes recursos, métodos y sistemas, la noticia puede ser desconocida e ignorada, con premeditación o por falta de dedicación de los periódicos o periodistas, pero además, puede ser tergiversada, mistificada o desvalorizada. Paradójicamente, la desinformación la realizan precisamente los medios encargados de informar. Aunque muchas veces la labor desinformativa está promovida por intereses ajenos a los trabajadores de la prensa, su realización no puede ser efectiva sin la cooperación de esos mismos trabajadores. Para que las autoridades, los intereses empresariales, las conveniencias políticas partidistas, puedan obstruir o impedir la publicación de las noticias o su tergiversación, es necesario que uno o más periodistas, en los diferentes
medios de comunicación social, sirvan de instrumento para ello. Pero incluso con la participación o la omisión de todos ellos, la noticia sigue existiendo y acaba por ser conocida más temprano que tarde, aunque casi siempre con proyecciones negativas.